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'American Idol' se alza como el verdadero ganador de su concurso


5/26/06
El final de 'American Idol' ha dejado claro que el verdadero ganador del concurso musical es el propio programa, convertido a lo largo de cinco años en la nueva referencia de la cultura popular estadounidense. Ante una audiencia de 3.000 personas en el teatro Kodak de Los Angeles, Taylor Hicks, de 29 años, se alzó el miércoles con la victoria de esta quinta temporada. El triunfo le garantiza, como hizo con sus predecesores, participar en un pingüe negocio musical, la perspectiva de ventas que para otros ganadores llegaron 33 millones de álbumes, ya sea de su carrera en solitario o en recopilaciones con el resto de sus rivales. Pero el verdadero negocio es para un programa que algunos medios describen como parte de la 'programación basura', aunque son muchos más los defensores de una fórmula con la que 'American Idol' ha sabido situarse a la cabeza de la televisión en EEUU. 'O lo amas o lo odias. Odiate por amarlo', resume la revista 'Entertainment Weekly' en su análisis de lo que describe como un 'clásico americano'. El programa lo tiene todo. O al menos todo lo que quieren los anunciantes, encantados con el atractivo que demuestra 'American Idol' entre todos los miembros de la familia, de ocho a ochenta años. También tiene todo lo que quiere el público, que durante dos temporadas consecutivas situó al programa como el de mayor audiencia en el segmento de 18 a 49 años, el que tiene más poder de consumo. Se trata, además, de una audiencia que asombrosamente ha aumentado con cada una de las temporadas hasta llegar a una media de 30 millones de espectadores en esta quinta entrega. Aunque los datos de audiencia de la gran final aún no están disponibles, se esperan hasta 35 millones de espectadores, un número al que se llega sólo con retransmisiones como la entrega de los Oscar o la 'Super Bowl'. Las razones del éxito son variadas y, como en toda buena receta, quizá el secreto está en la mezcla. De un lado está el aspecto popular, que juega con los sueños de gloria y fama de concursantes y espectadores por igual. Una caza de talento por todo el país precede a la selección de los doce concursantes que forman el reparto de este popular concurso. Un nuevo reparto refresca el programa cada temporada pero los espectadores cuentan con ese algo familiar con el que se vinculan cada año gracias a los tres jueces, Paula Abdul, Simon Cowell y Randy Jackson, una mezcla con todos los colores del arco iris. A diferencia de cualquier otra serie, no son los guionistas los que deciden quién muere, como ocurre por ejemplo en la popular 'Lost', sino que es el voto del público el que elimina al concursante menos querido. Es un espectáculo sin violencia, a excepción de algún intercambio verbal convenientemente censurado, y con el sexo justito, nada más allá de una insinuación o un escote que queda entre familia. Además está esa pizca de 'glamour' que le ponen los invitados al estilo de Elton John, Stevie Wonder o Rod Stewart, entre otros, esa chispa de especia que le da el toque perfecto al guiso. Como afirma el realizador Paul Weitz, que parodió el programa en su comedia 'American Dreamz' -donde un concurso a la 'American Idol' decidía el próximo presidente de EEUU-, se trata de la receta perfecta para desconectar de un día 'tenso con noticias sobre terrorismo'. Y es una receta que en estos cinco años ha sabido mantener el equilibrio perfecto contra el empacho. Aunque sus protagonistas, en especial sus jueces, están hasta en la sopa, siempre presentes en la prensa del corazón, el programa ha limitado su presencia en antena a temporadas cortas de invierno y primavera, dos días a la semana y ya está. Esa fue la puntilla del último fenómeno televisivo en Estados Unidos, el concurso 'Who Wants to Be a Millonaire', que a la vista de su éxito quemó todos sus cartuchos con una continua presencia en antena. Nadie duda de que en algún momento a 'American Idol' se le acabará el reinado pero, con 47 millones de personas expresando su voto en el programa hace tan sólo un par de semanas, el final no parece cercano.


Sources: Terra / EFE
Source Website: Terra.com
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